Así se ha rehabilitado Dayton de la epidemia de opioides

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Un reporte actual de Center for American Progress resaltó los esfuerzos y resultados de la lucha contra la adicción a los opiáceos en Dayton.

“A Community of Recovery: Dayton, Ohio’s Compassionate, Collective Approach to the Opioid Crisis”, como es titulado el reporte de la organización pública de investigación y promoción de políticas, celebró el camino que se ha trazado en la región para hacer frente al fenómeno nacional.

Y es que, Dayton y Montgomery County, con el apoyo de diversas entidades públicas y privadas, sumado al apoyo de la comunidad y los ciudadanos, lograron disminuir el número de muertes por sobredosis a casi la mitad durante el 2018.

Es decir, si en 2017 se registraron 566 muertes por sobredosis de opioides, en 2018 la cifra se redujo drásticamente hasta 294.

Desde la increíble explosión de casos por abuso de opioides, que estalló hace cerca de 10 años y ha afectado no solo a Dayton o a Ohio sino a buena parte del grueso del país (en 2017, en todo el país se registraron cerca de 50.000 muertes por sobredosis de opioides), la ciudad comenzó a idear nuevas formas para enfrentar la crisis.

La innovación en esta nueva estrategia no es nada más que el cambio de paradigma: se trató de comenzar a ver la adicción ya no como un crimen, que ha sido por años el discurso tradicional, sino como una enfermedad.

Y probó ser efectiva. El núcleo de la solución, más cercana a un sistema integral que al obsoleto recurso de la zanahoria y el garrote por el que eran enjuiciados los “delincuentes”, y que causó la expansión de una epidemia sin precedentes tras la “guerra contra las drogas”, podrá ser simulado en otras comunidades del país que estén atravesando la misma problemática.

 “A medida que el uso indebido de opioides continúa extendiéndose a ciudades y pueblos de todo el país, nuestro modelo es uno del que otras ciudades pueden y deben aprender”, se lee en la introducción del reporte.

El reporte sugiere algunos elementos concretos para tratar el fenómeno, que incluye toda una compleja red de tácticas, competentes tanto al gobierno y a los organismo públicos, como a la sociedad civil:

  1. Para individuos en medio de una adicción activa y, en consecuencia, impedidos para ingresar inmediatamente a tratamiento, servicios de reducción de daños, como SEPs (provisión de jeringas limpias y estériles) deben estar disponibles y en marcha con el fin de prevenir la transmisión de enfermedades e infecciones. 
  2. “La adicción debe ser tratada como una enfermedad, no como un acto criminal”. Así, los involucrados -familias y adictos- deben ser educados en todos los campos de la naturaleza de la enfermedad, y proponer en las intervenciones un ambiente de compresión.
  3. La efectividad de respuesta por parte de los organismos de control depende de la sutileza en la recolección, distribución y análisis de datos demográficos.
  4. Para permitir esfuerzos coordinados y colaboraciones interinstitucionales, deben ser rotas las barreras entre miembros de la comunidad, agencias del estado, funcionarios públicos, sectores privados y organizaciones sin fines de lucro.
  5. “Cualquier persona que trabaje con personas en adicción activa debe ser imparcial, inmensamente paciente y estar dispuesta a combatir el estigma de la adicción dentro de la comunidad”.

El reporte, escrito por la investigadora Erin Welch, fue dedicado a la memoria de su hermano, Sean Francis Welch.

“La respuesta coordinada a la epidemia de opioides significa que la comunidad está mejor preparada para responder a la adicción, independientemente de la sustancia […] Por lo tanto, las lecciones aprendidas continuarán evolucionando e impactando a los habitantes de Dayton en los años venideros”, concluye el reporte.