China, Rusia y Turquía: los mecenas de Maduro

347
P13.27
P13.27

Desde Venezuela, la noticia que sorprendió al mundo tuvo que ver con la autoproclamación de Juan Guaidó como Presidente Interino del país controlado por el régimen chavista. Un día para la historia, sucedió el 23 de enero, y las repercusiones son tales que hoy se habla de dos gobiernos a cargo.

Invocando los poderes de la Constitución Bolivariana, Guaidó se presenta al mundo como el legítimo presidente de Venezuela. Antes, fue Presidente de la Asamblea Nacional -el parlamento venezolano-, cargo que ostentó gracias al voto popular.

Con una inflación que, según la Asamblea Nacional y analistas externos, sobrepasó el millón ya, los ciudadanos no pueden siquiera costearse productos de la canasta básica a causa de su irrisorio valor. Algunas predicciones aseguran que la inflación rebasaría los diez millones en algún momento del 2019.

Medicamentos, productos básicos como lácteos, carnes o granos y la ausencia de un comercio abierto, son las carencias de la nación venezolana, que encauza el grueso de su economía en una única materia: el petróleo.

Con una hecatombe social, económica y política, la pregunta más lógica es: ¿cómo logra mantenerse aún en pie?

La respuesta es compleja, pero avistable: gracias al favor de los intereses geopolíticos. ¿De quiénes? Principalmente de tres países: China, Rusia y Turquía. Cada uno de ellos tiene cierto interés en Venezuela, ya sea netamente comercial o político (como un modo de extender el poder más allá de las fronteras, como se observa en el caso de Rusia).

Turquía, representado por el presidente Erdogan, importa oro de Venezuela. Este último, al no tener la capacidad económica para refinarlo, vende a Turquía grandes cantidades de oro -Venezuela tiene la cuarta mayor reserva mundial de oro-, y, de allí, es comercializado a terceros.

Tan solo en 2018, se estima que la cantidad total de oro enviado a Turquía se calcula en 35.2 toneladas. En retribución al acuerdo, Turquía exporta un muy significante capital que se materializa en alimentos. Es muy probable que estos fondos sean inyectados directamente a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que se encargan de distribuir alimentos entre la población local venezolana.

Otros acuerdos comerciales con Turquía abarcan el ámbito de la agricultura.

En cambio, la relación es un poco tediosa entre Venezuela y China, principal prestamista del régimen chavista. En esta ultima década, el gigante asiático ha depositado al gobierno cerca de $62.000 millones de dólares (lo que constituye el 40% de toda la inversión de China a América Latina).

Eso sí, es de apuntar que Venezuela debe a China al menos un tercio de todo lo prestado (unos $20.000 millones de dólares). Sin embargo, se entienden muy bien: Venezuela, teniendo una de las mayores reservas de crudo, se resguarda en China, mayor importador de petróleo en todo el mundo. Beneficio mutuo.

Además, son muchas las inversiones que el asiático ha hecho a Venezuela, cerca de $2.500 millones de dólares anuales desde 2010, la mayoría hacia el sector petrolero, como también intercambios de coltán, oro y minerales.

Como una base estratégica, Venezuela es tan apetecible tanto para China como para Rusia, quienes se han enfrentado históricamente junto a Estados Unidos para presidir la hegemonía económica. Asegurar el mayor logro de influencia es crucial para ganar terreno.

Así llegamos al mayor protégé de la dictadura venezolana: Rusia. Tanta es su cercanía que Putin envió dos bombarderos nucleares rusos ante amenazas mediáticas que mencionaban la presencia de esquemas militares estadounidenses en cercanías de Venezuela.

La influencia de Rusia se manifiesta en numerosos acuerdos financieros y comerciales, así como ya varios rescates económicos para proteger al régimen venezolano. En una hipotética caída de Maduro, de los tres líderes mundiales, seguramente sería Putin quien más tuviera que lamentar.

Venezuela debe a Rusia $6.500 millones de dólares, una parte es propiedad del Estado como tal y la otra parte pertenece a la petrolera estatal Rosneft. A Rusia le pertenecen también buena porción de todas las arcas petroleras de Venezuela.

A su favor, Venezuela recibe inversión y alimentos esenciales, como trigo. No obstante, el verdadero núcleo de la relación depende de una “clausula de protección” entre ambas partes. Desde la primera década del siglo, Chávez firmó alrededor de 30 contratos de defensa por un valor de 11.000 millones de dólares, cooperación que hasta ahora no ha cesado. Así, Venezuela es también uno de los mayores clientes de armas para Rusia.