Crisis imaginadas: la declaración de emergencia nacional

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró una emergencia nacional el pasado viernes, 15 de febrero. La medida, casi desesperada, viene después de que sus propio partido firmará un acuerdo bipartito con los Demócratas para evadir un nuevo cierre parcial y dejar claro los fondos que el Congreso cedería al mandatario para continuar en su ambición de solucionar una “crisis”, para muchos imaginada.

Los fondos negociados en el Congreso son diminutos en comparación con lo que Trump demandaba para la seguridad fronteriza. Había pedido $5.700 millones a principios de diciembre, antes de que el gobierno entrara en el cierre más longevo de la historia. Con el nuevo acuerdo, aprobado por él para evadir otro inconveniente administrativo, esos fondos se reducen a una cuarta parte, a cerca de $1.4 millones. En ocasión de la firma del acuerdo de la semana pasada, el presidente se juró construir el muro a como dé lugar.

Y la opción más factible era mediante la declaración de una emergencia nacional, una figura política extraordinaria que le concibe poderes y medios de financiamiento en situaciones de, precisamente, emergencia.

¿Hay realmente una emergencia?

El fundamente de Trump, por el cual afirma que en el país existe actualmente una emergencia relacionada con la seguridad fronteriza, es parcialmente cierta. Cierta en la medida en que hay un problema con nuevas condiciones, y falsa en la medida en que no podemos considerar esas condiciones como una emergencia realmente legitima.

  1. Un hecho de consideración es el de las familias migrantes que llegan a la frontera sin papeles. La cifra ha aumentado geométricamente hasta alcanzar un récord histórico. Justamente después de que Trump abandonará su medida de separación de padres e hijos en la frontera, la proporción se disparó en los tres meses siguientes. En septiembre del año pasado, los agentes arrestaron a 16.658 miembros de familias que cruzaron la frontera en el mes de septiembre, o sea, un 80% más que en julio. En 2018, 107.212 “unidades familiares” fueron arrestadas, en comparación con las 77.857 en 2016.
  2. Por el otro lado, el número de personas que cruzan (y penetran en el territorio sin papeles) ilegalmente la frontera se encuentra muy por debajo de la cifra que hace dos décadas punteó como récord. Los datos de U.S. Custom and Border Protection más bien apuntan a una disminución en lo que va de los últimos cuatro meses: octubre (50.998), noviembre (51,857), diciembre (50,749) y enero (47,893). Lo más sorprendente es que las personas que cruzaron la frontera en el año 2000 fueron casi 1.6 millones, mientras que en 2018 esa cifra es de cerca de 400.000.

Las cifras dan cuenta de una gradual disminución en el caso de personas que cruzan ilegalmente.

Y, teniendo en cuenta una de las argumentaciones más poderosas de Trump, aquella que utilizó como comodín durante su campaña en 2016, de que un muro pondría fin al narcotráfico fronterizo es sencillamente inviable. Nada más mirar en retrospectiva el juicio de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán nos dice algunas claves de como funciona el tráfico de México a Estados Unidos.

O como son traficadas las mismas personas, si tenemos en cuenta que la superficie que comprende la frontera se asemeja a un verdadero queso suizo. Ni siquiera los controles presenciales de los organismos de control pueden detener aquellos túneles.  

En cualquier escenario, un muro no es solución a problemáticas tan complejas, que solicitan del gobierno medidas integrales y de mediano plazo.

En ningún caso, un muro podrá detener la problemática de inmigración y flujo de narcóticos, que demandan medidas integrales. /Spencer Platt-Getty Images

¿En qué consiste una declaración de emergencia nacional?

Es la facultad propia y única del presidente de los Estados Unidos de declarar una situación de crisis. Le concede poderes especiales (pero temporales) para sobreponer el país a la amenaza, que, en teoría, debe exigir una respuesta inmediata.

En casi todos los casos (se han declarado 58 emergencias nacionales en la historia, desde que fue implementada en la era de Ford, en 1976) se han usado para cubrir necesidades exteriores de política internacional.

Al declararla, el presidente deberá explicar al Congreso cuántos fondos necesitará para cubrir la emergencia y de donde planea extraerlos.

Históricamente, las declaraciones de emergencia nacional se han bastado de fundamentos muy concretos, pero cuando hay disenso entre los mismos miembros del Partido Republicano para declararla, el panorama se oscurece.

“Lo primero, no es una emergencia lo que pasa en la frontera”, aseguró Nancy Pelosi en representación de los Demócratas, para después comprometerse a iniciar un conflicto jurídico para detener la pretensión.

Lo más probable, debido a que el Congreso no podrá ponerse de acuerdo sobre si hay razones o no para impartir la declaración, es que el presidente acuda al Tribunal Supremo. El núcleo del problema radicará en la figura constitucional de la separación de poderes, porque, en este caso, el presidente no contaría con el consejo del Congreso, que tiene la potestad de desautorizarlo en cualquier caso bajo un alegato de “irresponsabilidad” del presidente o “desaparición de la crisis”.