Guaidó busca apoyo en Suramérica para contrarrestar el poder de Maduro

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La situación de las potencias mundiales con respecto a Venezuela es una bomba de tiempo. Los acontecimientos han escalado hasta minar la diplomacia global. Estados Unidos, China y Rusia protagonizaron hace algunos días una pataleta en la Organización de Naciones Unidas (ONU).

El hecho comenzó con la proposición escrita de los delegados estadounidenses, que requerían al Consejo de Seguridad de la ONU aprobar una resolución que exigía al gobierno de Maduro permitir el ingreso de la ayuda humanitaria y convocar elecciones democráticas inmediatamente.

La proposición de Estados Unidos consiguió los nueve votos necesarios para llevarse a cabo, pero Rusia y China, como potencias con decisión unilateral y aprovechando su poder de veto, resquebrajaron la resolución.

Y así se dividió con éxito el Consejo de Seguridad, quedando nula cualquier solución desde la ONU. Rusia niega que exista una crisis, y más bien defiende la libertad del país -de Maduro exactamente- por resolver los problemas de su soberanía sin ayuda extranjera.

Estados Unidos no escatimó en culpar a Maduro como único instigador de la debacle económica y social en la que se encuentra Venezuela. Exigió elecciones presidenciales observadas por organismos internacionales, pero su propuesta fue desechada por Rusia y China.

El embajador de Francia, François Delattre apoyó la medida de Estados Unidos al tratarse de una resolución pacífica. Pero ahora, es casi seguro que la situación no podrá ser abordada a través del dialogo en la ONU.

Mientras tanto, los vínculos entre Rusia y Venezuela se estrechan. Recientemente se conoció que las oficinas principales de PDVSA (la petrolera estatal de Venezuela) serán trasladadas hasta Moscú desde Lisboa, una manifestación de lo que el ministro de exteriores ruso ha llamado “cooperación técnica”.

Desde Estados Unidos, las sanciones siguen. Después de bloquear los ingresos de PDVSA a través de sus principales gerentes, el gobierno de Trump sigue en su plan de atentar económica y políticamente a la estructura chavista. Lo último que el país norteamericano ha hecho es vetar a al menos unas 12 figuras venezolanas relacionadas con Maduro.

Con otras aspiraciones diferentes, Juan Guaidó, el autoproclamado Presidente Interino de Venezuela y apoyado por Estados Unidos y la Unión Europa, ha visitado algunos países en una gira que tiene como objetivo conseguir el favor de los grandes sudamericanos.

“No escatimaremos esfuerzos dentro de la legalidad y de nuestra tradición para reinstaurar la democracia en Venezuela”, respondió Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, como apoyo al joven opositor. Guaidó viajó en aviones de la Fuerza Aérea colombiana y durmió en hoteles. Según una prohibición judicial del 22 de febrero, Guaidó no podrá regresar a Venezuela después de los sucesos de la ayuda humanitaria. No se conoce como regresará.

En Argentina se reunió con Mauricio Macri. “Hoy inicia una nueva etapa de relaciones entre Venezuela y Argentina, basada en derechos fundamentales como la democracia, la libertad y los derechos humanos”, dijo en una rueda de prensa, tras asegurar que unos 600 militares se han ido al “lado de la constitución” y que “el 80% de las Fuerzas Armadas está a favor de un cambio”

Y su última visita a Ecuador, en donde hizo un llamado a la población venezolana para prolongar las movilizaciones:

“El que no permite que avance la transición es quien está usurpando las funciones de Miraflores (palacio presidencial venezolano), quien secuestra los símbolos, la banda presidencial, para ejercer el poder”, aseguró.