Inversión, la estrategia blanda de Estados Unidos para disipar la inmigración

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Existen medios pasivos y activos desde Estados Unidos para aplacar el fenómeno de la migración que por mucho tiempo ha preocupado a los gobiernos anteriores y, en mayor medida, a la Administración actual de Donald Trump, quien ha estado en mando para presenciar uno de los mayores flujos de inmigrantes en la época reciente.

La política cero inmigración del actual presidente ha dificultado de sobremanera este flujo, o al menos los medios regulares. Entre estas políticas están los vetos migratorios y las interminables complicaciones burocráticas que las oficinas migratorias ejercen, sin descartar el, muchas veces, hostil comportamiento de los organismos de seguridad como el ICE.

Sin embargo, también están los medios pasivos, que están a cargo de instituciones públicas como el OPIC, o la Overseas Private Investment Corporation -Corporación Estadounidense para la Inversión Privada en el Extranjero-.

Recientemente, el OPIC ha dispuesto importantes sumas de capital para financiar proyectos de desarrollo en Centroamérica y, principalmente, México. Su motivación en estas regiones es desalentar la migración ilegal, creando y potenciando nuevas formas de economía y, por ende, empleos y sostenibilidad.

La estrategia es propiciar la creación de empleos, estimulando la permanencia en estos países para disminuir la migración hacia el norte.

A propósito de estos esfuerzos, se ha comenzado a hablar de unas reuniones diplomáticas entre Estados Unidos y México, cuando Marcelo Ebrard, canciller mexicano y su homólogo, Mike Pompeo, tienen planteada una reunión hacia finales de enero, con el fin de discutir los proyectos de inversión de OPIC.

Lo que está puesto sobre la mesa, por el momento, es la inyección de $2.000 millones para proyectos de energía e infraestructura en el sur del país azteca. Este monto es complementario a los recursos que ya han sido asignados por la OPIC en distintas zonas del país, por $2.800 millones.

En total, Estados Unidos ha anunciado un ambicioso proyecto que cubrirá buena parte de Centroamérica, donde la cartera reservada para proyectos de desarrollo suma ya $5.800 millones. Solamente el sur de México ocupa $4.800 millones, según anunciaron diplomáticos de ambos países en pasadas ocasiones.

Estos planes han sido bien acogidos por los miembros del Congreso estadounidense. Martha Bárcena, embajadora de México en Estados Unidos, dejó saber recientemente que se ha reunidos con importantes líderes demócratas en ambas Cámaras con el fin de “compartir con ellos la importancia de México para los Estados Unidos”.

En pleno cierre parcial del gobierno, la cabeza visible y jefa de bancada del Partido Demócrata, Nancy Pelosi, declaró que su colectivo no aprobará ningún plan comercial suscrito por Estados Unidos, México y Canadá que no incluya garantías laborales y ambientales.