La ciudad de Dayton se unió para contrarrestar el discurso de odio de un grupo asociado al KKK

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El pasado 25 de mayo, conforme al anuncio hecho por miembros de un colectivo asociado al Ku Kux Klan, Honorable Sacred Knights of Indiana (HSK), de realizar una manifestación en el Downtown de Dayton —y con el país entero expectante—, la comunidad demostró ser superior al odio y dar vuelta a la discriminación.

Sucedió que al menos nueve integrantes de HSK se manifestaron en Courthouse Square, en contraste con los cerca de quinientos contra-manifestantes que rodearon el anillo de seguridad por donde, se suponía, habían de pasar los miembros de HSK.

La sola propuesta del evento, a la que se opuso la misma ciudad y distintas firmas legales y organizaciones sociales, provocó una indescriptible inquietud en Dayton: desde la fuerza pública, sindicatos, colectivos y hasta el grueso de la sociedad civil demostró su preocupación. Nadie, por supuesto “quería una nueva Charlottesville”, como aseguraron algunos medios.

Se recordarán los sucesos del 12 de agosto de 2017, cuando un conductor arrolló a un grupo de protestantes en Charlottesville, Virginia. James Alex Fields Jr., como posteriormente fue reconocido el criminal, tuvo nexos con grupos supremacistas, según esclarecieron las investigaciones. El fatal incidente dejó a una persona muerta y 28 más heridas.

Pero el pasado sábado, máxime con los $650.000 invertidos en seguridad por la ciudad, no hubo ningún arresto ni confrontación. Al contrario, la ciudad demostró sobreponerse al discurso de odio. Numerosas asociaciones, religiosas y seculares, así como organizaciones defensoras de los afroamericanos (principalmente la NAACP y la vieja guardia de los Black Panther) y ciudadanos y residentes de todos los lugares se acercaron al Downtown para manifestar su rechazo al grupo supremacista, mostrando carteles de apoyo y bienvenida a afroamericanos, inmigrantes, poblaciones minoritarias y grupos LGBTI.

Es de destacar la garantía de la fuerza pública, que gestionó de ejemplar manera el desarrollo de los eventos y controló del mejor modo la interacción manifestantes/contra-manifestantes. Así mismo, se reconocen los esfuerzos de la oficina de la alcaldesa Nan Whaley por deslegitimar al grupo supremacista y llamar a la unidad de la comunidad.

“Estamos unidos contra el odio”, dijo Whaley. “Somos una comunidad en donde no importa a quién amas, de dónde vienes o en qué crees, eres bienvenido en Dayton”.