La escuela de Covington que está en la mira de todo el mundo

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Tras los incidentes que surgieron a raíz de una protesta pacífica en Washington D.C., estudiantes de Covington Catholic High School (CovCath) y activistas de las comunidades nativas del país se vieron envueltos en una controversia de debate internacional.

El encuentro entre los dos grupos se volvió viral en redes cuando comenzó a circular un video corto en donde se ve a un adolescente (Nick Sandmann, estudiante de Covington Catholic High School) frente a frente con un nativo americano y, además, veterano de guerra (Nathan Phillips).

El encuentro tuvo lugar en medio de un evento multitudinario en Lincoln Memorial, por motivo del March for Life (Marcha por la vida), que se conmemoró el pasado 18 de enero. Diferentes sectores sociales se movilizaron bajo el móvil provida y antiabortista. Allí se congregaron grupos religiosos, miembros de minorías étnicas y civiles.

Y, por supuesto, una de las instituciones masculinas privadas más notorias de Ohio, Covington Catholic High School, que viajó hasta D.C. para sumarse a la Marcha por la Vida. En los videos, se observa que los integrantes de la escuela que participaron de la marcha usaron las tradicionales gorras de la campaña presidencial de Trump, las famosas MAGA (Make America Great Again).

El otro protagonista de la controversia es el grupo de activistas y miembros de las comunidades nativas de Norteamérica, específicamente, la tribu Omaha. Se reunieron en el mismo lugar, pero, en cambio, celebraban una manifestación paralela, la Indigenous Peoples March, mientras tocaban sus instrumentos autóctonos y danzaban.

El núcleo de la discusión se centra en la única escena que llegó a ser viral en redes: se trata del video en el que se ve al estudiante de CovCath, Nick Sandmann, frente al nativo y veterano de guerra Nathan Phillips, visiblemente burlesco ante el canto y tamboreo del indígena. Atrás, estudiantes de la misma escuela le apoyan con algunos canticos, usados con frecuencia en el ambiente deportivo.

Distintas versiones han tratado de explicar el suceso, que llegó hasta la opinión pública dividida en dos opiniones, principalmente: a) Nick Sandmann, de CovCath, burló de manera reprochable al indígena, quien expresaba con neutralidad su tradicional cultura y b) Nick Sandmann fue fuertemente condenado en redes por su comportamiento solo por usar la gorra pro-Trump, mas no hubo en ningún caso insulto al indígena o a la comunidad entera.

Por lo demás, si hubo una confrontación entre los dos grupos, quienes se ven de lado y lado en los videos. Sin hablar, claro, de las fuertes repercusiones que los hechos propiciaron.

Por un lado, la fuerte controversia internacional por el caso, y la discutible cabida que tuvieron las redes sociales para animar la discusión -muchas veces en ánimos de desinformar para una opinión u otra- o la bandera política, que es en lo que al fin, se ha transformado toda la situación.

No obstante, existen consideraciones mucho más delicadas, como las amenazas de muerte que los estudiantes de CovCath han denunciado, y las insinuaciones que hacen de la escuela en redes sociales, por no mencionarlas todas, amenazas de bombas y tiroteos. Por esta razón, la escuela permaneció cerrada desde el inicio de la semana.

Por su parte, Roman Catholic Diocese of Covington, que representa a la escuela, anunció en comunicado que:

“Condenamos las acciones de los estudiantes de Covington Catholic High School hacia Nathan Phillips específicamente, y los Nativos Americanos en general, el 18 de enero, después de la Marcha por la Vida, en Washington, D.C. Expresamos nuestras más profundas disculpas al Sr. Phillips. Este comportamiento se opone a las enseñanzas de la Iglesia sobre la dignidad y el respeto de la persona humana”.

Quienes defienden a la comunidad indígena, han atribuido que los estudiantes incurrieron en un comportamiento racista y ofensivo. Visiblemente seguidores de Trump, vincularon a los adolescentes con la visión social del presidente, y afirman que, en cualquier caso, ese comportamiento debe ser castigado.

En el otro lado de la orilla, quienes defienden a los estudiantes reclaman que no se ha visto el video completo, en donde se puede observar que la comunidad indígena es quien se moviliza para confrontar a los estudiantes. Culpan a los noticieros y las fake news (noticias falsas) de defender a los indígenas solo por ser minoría, sin siquiera prestar atención a los hechos.

Así mismo, y conforme surgen nuevos videos, otro protagonista se une a la confrontación. La agrupación Black Hebrew Israelites, conocida por su posición supremacista, homofóbica y racista, participó del altercado, cantando y gritando improntas tanto para los adolescentes como para los indígenas, lo que motivó realmente a la batalla verbal.

Se ha dicho que miembros Black Hebrew Israelites ofendieron a los estudiantes, llamándolos “futuros asesinos de escuela”, que respondieron con cantos deportivos, usados en partidos de basquetbol. Los indígenas habrían pensado que los cantos iban dirigidos hacia ellos, y respondieron. Antes, los miembros del grupos supremacista también habrían ofendido a los indígenas con insultos racistas.

La discusión es una dinámica de héroes y villanos, de buenos y malos. Cada quien asume su opinión en base a las dos vertientes, agriamente polarizadas del país: progresistas y conservadores. Los hechos fueron tomados como bandera política y, por ende, algunos usan la discusión para defender su posición política, sus ideologías y perspectivas.