La ruptura del INF supone una nueva carrera armamentística entre Estados Unidos y Rusia

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“Felicito al mundo, Estados Unidos ha dado un paso más hacia su destrucción hoy”, dijo en su momento Konstantin Kosachev, presidente de la comisión de Asuntos Exteriores del Senado ruso tras la ruptura del INF.

El INF, o Intermediate-Range Nuclear Forces Treaty (Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio) fue el hito de la Guerra Fría, no tanto por sus repercusiones técnicas como por su poder diplomático. De alguna, manera, este tratado fue esencial para sellar la Guerra Fría.

Convenido desde mediados de los años ochenta entre Ronald Reagan y el Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética (URSS), Mijaíl Gorbachov, el INF constituyó una serie de negociaciones que terminaron en la firma de un acuerdo para la reducción y destrucción del arsenal nuclear y terrestre de ambos países, específicamente con respecto a los misiles de crucero de tierra de medio alcance (un alcance comprendido entre los 500 y 5.500 kilómetros).

El acuerdo fue un éxito en aquel entonces, y redujo que sobremanera la amenaza bélica en Europa con la eliminación de 2.700 ojivas nucleares y toda la capacidad de misiles terrestres englobada en el pacto por parte de Estados Unidos y la antigua URSS. En 1986, ambas potencias tenían cerca de 63.000 artefactos, cuando en la actualidad el número no es mayor a 8.500.

El 2 de febrero de este año, Mike Pompeo, Secretario de Estado, anunció temprano la retirada del acuerdo de Estados Unidos, usando como argumento las constantes “violaciones de Rusia” al pacto: “es nuestro deber responder adecuadamente”.

Esto se veía de lejos, con el anuncio hecho por Donald Trump en octubre de 2018, cuando amenazaba con la salida del pacto y denunciaba el incumplimiento de Rusia al acuerdo.

Sin embargo, desde 2007, ambas naciones se inculparon una a otra basados en la misma razón. Por ejemplo, en 2013, cuando Estados Unidos ensayó un misil terrestre de cruce de aviación (AGM-158B) con un alcance de “mil kilómetros”, hecho denunciado por diplomáticos rusos.

Así mismo, en 2017, Trump firmó un proyecto de ley que permitiría el desarrollo de un nuevo misil de crucero de este tipo, con una inversión de $25 millones.

Pero Rusia no se queda atrás. Según oficiales estadounidenses, Putin violó el acuerdo con el ensayo del misil de crucero SSC-8 en 2008, y en dos ocasiones representantes de Estados Unidos en la ONU alertaron a la institución de dos amenazas nucleares, en 2014 y 2017 respectivamente. 

Según los términos internos del acuerdo, existe un plazo de seis meses antes de la retirada total y eminente. Pero, por el momento, no hay ningún indicio que apunte a nuevas negociaciones entre ambas naciones.

El hecho establece un nuevo problema geopolítico global. Y ya muchos expertos en materia de control de armas nucleares alzaron su voz para revertir la decisión de salida, como George Shultz (consejero de Reagan), Richard Lugar (notable líder republicano para la eliminación de armas químicas, nucleares y biológicas) o Sam Nunn (copresidente de Nuclear Threat Initiative).

El mismo Gorbachev comentó que el anunció de Trump “no es obra de una gran mente y que “una nueva carrera armamentística ha sido declarada”. Así mismo, los líderes del Comité de Asuntos Exteriores y Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes de Estados Unidos pensaron el asunto como un tiro en el pie: la salida del pacto pone en bandeja de plata una ventaja para Putin al poder avanzar en su construcción de un país basado en la industria armamentística (como ya lo ha venido ideando el presidente ruso).

Desde otra perspectiva, se puede suponer que la amenaza no es precisamente bilateral. Una de las razones que argumenta la salida (no dicha expresamente por ninguna parte) es la silenciosa avanzada de tres países: Pakistán, India y, con mención de honor, China. Estas naciones, que en ningún momento fueron integradas en el acuerdo, vienen desde hace tiempo fortaleciendo su arsenal nuclear.

El ideal, luego de la lamentable noticia, supone una nueva negociación diplomática, que incluya a estos países y detenga la carrera armamentística y el empoderamiento de la industria nuclear, amenaza de vieja data en todo el mundo.