Ni videojuegos ni enfermedades mentales: mitos y falsedades en torno a las causas reales de los tiroteos en el país

El fenómeno de la violencia con armas en Estados Unidos ha sido objeto de debate político. Sin embargo, muchas razones y causas erróneas se han postulado en los medios, varias de las cuales sirven a un discurso político y no a una explicación sensata del problema.

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Cuando los tiroteos masivos se ponen en medio de la discusión, distintas figuras y sectores de la sociedad intentan presentar su grano de arena al debate. En primer lugar, para comprender la problemática, hay que entenderla como un hecho sistemático y organizado, y no como hechos aislados sin conexión entre sí.

Varias aproximaciones han dado cuenta del asunto desde perspectivas psicológicas, sociológicas y estudios de medios. Pero, aun con el aporte de la ciencia, algunos sectores políticos han intentado, no sin poco éxito, reducir la problemática a una cuestión de discurso.

En el proceso, perdemos de vista cuanta contribución pueda servir para entender y abordar un problema que es, eminentemente, público. Pero, peor todavía, la desinformación aumenta y la democracia es perjudicada. Estos son algunos de los mitos en torno a la causa de la violencia de armas y tiroteos en Estados Unidos.

¿Videojuegos?

Justo después del acto terrorista de El Paso, Kevin McCarthy, representante republicano en el Congreso y el Presidente, Donald Trump, en una conferencia de prensa, manifestaron que los videojuegos son causa de los tiroteos en el país. El Presidente, por su parte, mencionó:

“Debemos detener la glorificación de la violencia en nuestra sociedad. Esto incluye los horripilantes y espeluznantes videojuegos que ahora son comunes. Hoy en día es demasiado fácil para los jóvenes con problemas rodearse de una cultura que celebra la violencia”.

En la academia, distintos investigadores a lo largo de numerosos estudios han llegado al consenso de que no existe una conexión evidente entre los videojuegos y el comportamiento violento.

En un comunicado, American Psychological Association manifestó que “Hay poca evidencia que establezca una conexión causal o correlacional entre jugar videojuegos violentos y cometer actividades violentas.

Una reciente investigación multidisciplinaria y experimental conducida por Scott Cunningham, Benjamin Engelstätter y Michael R. Ward llegó a demostrar lo contrario: que el tiempo gastado en videojuegos redujo el tiempo gastado en comportamientos considerados maliciosos en los jóvenes.

Más clarificadora es la posición que ha asumido históricamente la Corte de los Estados Unidos, más específicamente, cuando, en 2011, derogó una ley de California que prohibía la venta de videojuegos violentos a menores de edad. El tribunal rechazó las pruebas reunidas para apoyar la prohibición.

“Estos estudios han sido rechazados por todos los tribunales para considerarlos, y con razón: No prueban que los videojuegos violentos hagan que los menores actúen agresivamente”, afirmó, por otra parte, Antonin Scalia, Ex Juez Asociado de la Corte Suprema de los Estados Unidos.

El chivo expiatorio de las enfermedades mentales

Echar la culpa a las enfermedades mentales como causa de los tiroteos propone al menos dos dificultades para abordar el problema, a) se toma el fenómeno como una serie de hechos aislados, llevados a cabo por individuos en momentos particulares y se echa por la borda el contexto social y los elementos que pueden acrecentar las posibilidades de un tiroteo y b) se estigmatiza las enfermedades mentales, envileciendo no solo a las personas que la sufren sino a las instituciones a cargo de monitorearlas.

En este sentido, Arthur C. Evans Jr., CEO de American Psychological Association, dijo que “Culpar a las enfermedades mentales por la violencia armada en nuestro país es simplista e inexacto y va en contra de la evidencia científica actualmente disponible […] Basándonos en la investigación, sólo sabemos que una historia de violencia es el mejor pronosticador de quién cometerá violencia en el futuro. Y el acceso a más armas, y armas más mortales, significa más vidas perdidas”.

Las enfermedades mentales son una salida simplista, como recalca Evans Jr., por cuanto, al momento de plantear una solución, en vez de fijar la mirada en motores de la violencia armada directa, como la débil regulación en la venta de armas, la vista recae sobre las instituciones de salud mental, que poco pueden hacer para solventar el problema.

De acuerdo con National Institutes of Health, personas diagnosticadas con alguna enfermedad mental cometieron menos del 5% de los asesinatos por tiroteo entre 2001 y 2010 (unos 120.000).