Sin conclusión permanecen negociaciones entre EE.UU. y China durante la “guerra comercial”

321
P13.11
P13.11

Las reuniones entre diplomáticos estadounidenses y chinos se reanudaron a mediados de febrero para encontrar una salida al preocupante conflicto comercial, que amenaza con detener el crecimiento económico mundial y hiere de gravedad la industria de las dos mayores potencias mundiales.

Contrario a lo que se pensaría lógicamente, Beijing aseguró que sus exportaciones continuaron aumentando en enero, por lo que los aranceles impuestos por EE.UU. no pudieron aparentemente destronar a la economía china.

No obstante, un panorama macro y general de la salud económica de China es más bien desfavorable, ya que el país creció a su ritmo más lento en tres décadas en 2018. El hecho impactó a los gobernantes comunistas y ahora llaman a un acuerdo.

La columna del problema son las acusaciones que varios países han hecho con respecto al robo de información tecnológica por parte del gigante asiático. Las “ambiciones” de China provocaron sanciones desde EE.UU., que ahora afirma que si a partir del 1 de marzo no llegan a un consenso, estas aumentarían hasta el 25%.

El gobierno estadounidense ha sido suave por el momento, alargando los plazos para fijar nuevos y más altos gravámenes mientras la negociación sigue su curso.

Las conversaciones, sin embargo, no siempre han dejado algo de que hablar para los medios y la opinión pública, y muchos de los encuentros, aunque son anunciados, carecen de viralidad en los medios. El negociante estadounidense, el representante comercial Robert Lighthizer y el negociante chino, el viceprimer ministro Liu He, se ven siempre estrechando sus manos ante las cámaras. Los reporteros, la mayoría de las veces, se quedan con las palabras en el aire.

La negociación, más bien turbulenta y en ningún caso segura, despierta dudas en ambas naciones. Una de las principales demandas de EE.UU. radica en la exigencia de que China evite, desde el gobierno, fomentar la competencia robótica y en otras áreas tecnológicas. Por supuesto, los asiáticos han rechazado la medida argumentando que la imposición viola sus obligaciones de apertura de mercado. EE.UU. no quiere comprometer su liderazgo industrial en estos campos.

Otras demandas de EE.UU. tienen que ver con los señalamientos de robo de propiedad intelectual o la presión que China ejerce a las compañías locales para que compartan sus inventos tecnológicos con ellos.

“Estados Unidos es un gran productor de tecnología, innovación, conocimientos técnicos y secretos comerciales. Y tenemos que operar en un entorno en el que esas cosas estén protegidas. No estoy prediciendo de ninguna manera el éxito; hay mucho trabajo que hacer”, declaró Robert Lighthizer a inicios de febrero.

Por su parte, las cotizaciones bursátiles el país norteamericano han ido en ascenso con las noticias de un pronto acuerdo. El índice bursátil S&P 500 tocó su nivel más alto en 10 meses el pasado miércoles 13 de febrero.

En el lado Chino, Margaret Yang, analista de CMC Markets (Singapur) advirtió que las acciones estadounidenses están en peligro de caer “si las conversaciones no dan resultados satisfactorios para los inversores”.