Un icónico hospital especializado será trasladado a Dayton

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El tradicional Shriners Hospital for Children, emblema e icono de la cultura médica en Cincinnati, mudará de centro de operaciones para trasladarse a Dayton en un proceso que podría tardar hasta 16 meses.

El año pasado, el hospital cumplió 50 años de fundación. Shriners es un centro médico especializado en quemaduras. Se estableció en 1968 como Shriners Burns Institute, anexado al Cincinnati General Hospital (ahora University of Cincinnati Medical Center).

En 1992, el hospital se expandió para incluir tratamientos de labio leporino, paladar hendido, condiciones de piel y heridas y lesiones de medula espinal con nuevas instalaciones en Burnet Avenue.

Pero ahora el hospital, debido a una serie de modificaciones -para bien- del sistema salubre de la comunidad (una menor demanda de atención médica especializada por quemaduras graves, en parte gracias a la reducción de peligros asociados a estos padecimientos en las últimas décadas), se mudará al Dayton Children’s Hospital como un departamento contiguo, “un hospital distinto dentro de otro hospital”.

Se sabe también que el edificio de Burnet Avenue será vendido. El Shriners de Cincinnati hace parte de una institución mayor, Shriners International, con base en Tampa, Florida. El eslogan del centro médico es “Amor al Rescate (Love to the Rescue)”. Son 22 hospitales alrededor de Estados Unidos, el de Cincinnati es apenas uno de los pocos que se especializa en el cuidado pediátrico de quemaduras.

Muchas historias han surgido del hospital, relatos de sobrevivientes, que fueron cuidados y reintegrados en el establecimiento. Como Kilee Brookbank, que escribió un libro sobre su experiencia como víctima de quemaduras letales en 2014: “Beautiful Scars: A Life Redefined”. La publicación del libro trajo ingresos de $300.000 para el hospital. O la de Zaman Hameed, niña iraquí que sufrió de quemaduras en el 40% de su cuerpo y fue atendida satisfactoriamente en el Shriners Hospital.

La decisión implica consecuencias para los empleados. Pero Cincinnati se despide, ante todo, de un monumento histórico y una institución grandemente positiva para la reputación de la ciudad.