46.6 F
Cincinnati
sábado, noviembre 26, 2022

Un mismo fenómeno, mil realidades diferentes

Las dificultades más grandes para afrontar la pandemia son, paradójicamente, de toda naturaleza menos epidemiológicas. El virus del COVID-19 es un reto crítico para la constitución biológica del ser humano, pero lo es más aún para su organización política y social.

Últimos Artículos

No es una cuestión de talento, de liderazgo presidencial —aunque, claramente, esto es una ventaja—. Es una cuestión que involucra a la compleja red de administración pública y estatal. Es decir, si bien el gobierno es responsable de buscar una salida coherente para la problemática nacional, la responsabilidad recae asimismo sobre la responsabilidad de cada uno de los ciudadanos que componen un país.

Este grado de responsabilidad, que ha sido cedido por completo a los organismos públicos (y, como si fuera poco, no a las instituciones de salud, sino a las figuras presidenciales), pierde su valor cuando se atribuye a la burocracia y las instituciones, y no a los individuos que en últimas las componen.

Este fenómeno ha minado la reacción global ante la pandemia. Los más jóvenes, por ejemplo, y cómo lo han demostrado las estadísticas en los grupos de edad que más han sido afectados en el último mes en el país, han evaluado el costo del aislamiento y la observancia, y al parecer decidieron que es más racional infectar a la población más vulnerable —como sus propios abuelos— antes que suspender sus diversiones cotidianas.

Sin embargo, existen hechos aún más graves. Es particular de este momento histórico —¿qué tan diferente habría sido la reacción gubernamental ante la pandemia si esta no hubiera ocurrido en un año de elecciones?— la excesiva politización de un fenómeno epidemiológico. El COVID-19 no solo ha sido una pandemia viral, sino una ideológica.

Se hace necesario reflexionar sobre el por qué la afinidad con pensamientos políticos particulares genera comportamientos diferentes, y no universales (para empezar, por ejemplo, con el uso del tapabocas, que algunos han llegado a tachar como una violación a la libertad individual). Este tipo de liberalismo es contradictorio, porque dificulta el ejercicio de la libertad del Otro. El tapabocas no solo es un recurso de prevención a nivel personal, es también una herramienta para impedir contagiar a los demás. Su uso generalizado, según el consenso científico, tiene una conclusión positiva para evitar el incremento de infecciones.

Sucede que, en efecto, cada quien vive en una realidad diferente, de acuerdo a una serie de características. Si bien no es sorpresivo o novedoso, debería ser un factor a tener en cuenta para concientizar a la población sobre la observancia de las medidas de higiene y salud pública. No deja de preocupar el hecho de que parezca imposible implantar en la sociedad una respuesta unitaria y común.

El coronavirus pone a prueba nuestros mecanismos de organización social. Pone a prueba nuestra democracia tanto como nuestra composición biológica. Y así como la humanidad corre el riesgo de perder vidas todas igualmente valorables e importantes, se corre también el riesgo de la perdida de legitimidad en formas sanas de gobierno, como la democracia, que depende de la contribución individual de cada persona en sociedad. Esto es, a todas luces, mucho mejor que un gobierno dictatorial, que comanda una respuesta centralizada, pero impuesta con todo el peso de la violencia estatal.

Artículos relacionados

Giancarlo Guerrero Conducirá la Cincinnati Symphony Orchestra en diciembre

El próximo 2 de diciembre, el reconocido conductor Giancarlo...

¿Puedo tener subsidios de salud si soy inmigrante?

El seguro de salud es una preocupación de muchos...
A %d blogueros les gusta esto: